Ayuno y Oración

Sábado 2 de junio a las 10 h en la sala Madrid.

Boletín Salem

Una esperanza viva
«"żDesechará el Seńor para siempre, y no volverá más a sernos propicio?».
Salmos 77:7


żDónde te sientes más seguro? Hay situaciones en la vida en las que uno no ve bien donde pisa. Nos gusta planificar. Ahora haré esto, y después esto otro. En verano iré a tal parte, quedaré con tal o cual persona. Hacemos planes, y no digo que esté mal. Es sabio calcular y planificar. Sin embargo, la historia de la humanidad nos advierte de que aún no estamos en el cielo, aunque algunos tengan por costumbre intentar recrear su propio paraíso aquí en la tierra. Por mucho que intentemos "tenerlo todo atado", tarde o temprano, el mal que ha producido el pecado se pre- sentará. Así que la pregunta no es si enfrentaremos o no situaciones desagradables e inesperadas sino a qué nos aferraremos cuando estas lleguen. Algo así le pasó al salmista Asaf. De repente, se vio envuelto en una situación con la que no contaba:
«żHa cesado para siempre su misericordia? żSe ha acabado perpetuamente su promesa? żHa olvidado Dios el tener misericordia? żHa encerrado con ira sus piedades? Selah». Salmos 77:8-9
A veces nos sentimos así. No hay familiar, amigo o persona que pueda cambiar la dificultad que atravesamos. Nos explayamos contándole nuestras penas, pero las buenas intenciones del que nos escucha no tienen el poder de cambiar el mal que vivimos. En cierto sentido, aunque rodeados, sentimos que estamos solos ante ese mal. Sin embargo, esa impresión, por auténtica que nos pa- rezca, no confirma que en realidad hayamos sido abandonados o que estemos incomunicados. Ob- serva lo que hizo Asaf: «Dije: enfermedad mía es ésta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos». Salmos 77:10-12
Asaf reconoce su estado, no lo niega: “enfermedad mía es esta”. Él mismo expone su situación, pero ża quién?: “traeré a la memoria los años de la diestra del Altísimo”. Él está delante del Señor y dice: mira lo que tengo entre manos, y a continuación hace memoria de las maravillosas obras de Dios. ĄAleluya! Cuando todo cambia y gira a su alrededor él sabe que hay Alguien que permanece inmutable. Él es una Roca inconmovible. Si mira al pasado, puede ver Su mano venciendo con poder cualquier obstáculo humano. Asaf medita en el poder de Dios, pero da un paso más: “hablaré de tus hechos”. Asaf comienza diciendo "mira mi enfermedad", pero concluye con un firme pro- pósito: “hablaré de tus hechos”. Ahora, él ya no está enfocado ni en sí mismo, ni en su problema:
«Oh Dios, santo es tu camino; żqué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder». Salmos 77:13-14
Su camino es santo. No es un camino que nosotros podemos planificar. En ocasiones, romperá completamente nuestros esquemas, pero Él nos abrirá una senda allí donde nosotros no podemos. Entonces pisaremos firmes, avanzaremos y dejaremos atrás todo aquello que nos asediaba:
«En el mar fue tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas».
Salmos 77:13-14, 19
żNo es maravilloso? Los hijos de Dios tenemos una esperanza viva en la que nos podemos apoyar en fe. Esta esperanza no se puede comprar con oro ni plata, tampoco con buenas obras. El apóstol Pedro encuentra alegría en esta esperanza viva porque abarca nuestro pasado, presente y futuro:
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorrup- tible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea ma- nifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os ale- gráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas». 1a Pedro 1:3-9

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