Discipulado

Domingo 20 de enero: 1a y 2a Corintios.
Domingo 3 de febrero: Gálatas.

Sala Madrid 10 de la mañana.
Estáis todos invitados.

Ayuno y Oración

Nos volvemos a ver el sábado 2 de febrero. A las 10 de la mañana en la sala Madrid.
Estáis todos invitados.

Membresía

Aún estas a tiempo de sumarte al grupo que ha iniciado el Discipulado para membresía.
Te esperamos el domingo 20 de enero en la sala Barcelona, a las 10,30 de la mañana.
Rogamos puntualidad.

Boletín Salem

CONSCIENTES DE SU AMOR
«Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron». 2a Corintios 5:14
E apóstol Pablo hace una declaración sorprendente: “estemos aquí en la tierra o allí en el cielo, vivimos con Cristo”. Esta verdad habla del mayor acontecimiento de la historia: la victoria de Cristo en la cruz. Él, libre de pecado, venció a la muerte y resucitó. Él abrió un camino de salvación a partir del cual el ser humano ya no tendría que vivir separado de Dios nunca más.
Pablo tuvo una conversión genuina. Era consciente siempre del gran amor de Cristo hacia él. En 2a de Corintios 5:14 afirma: “el amor de Cristo nos constriñe”. “Constreñir” es una palabra que no solemos usar normalmente. Significa “obligar, impulsar, apremiar, motivar a alguien para que haga algo”. El apóstol decía “el amor de Cristo me impulsa, me motiva, me apremia, me obliga siempre...”. Él nunca perdía de vista el amor del Señor. Podía afirmar con certeza: “su amor gobierna mi vida”. De igual manera que amamos al Señor porque él nos amó primero, podemos decir que morimos con él porque él murió primero, y también que resucitamos con él porque él resucitó primero. No se trata de un sentimiento sino de una realidad: el nuevo nacimiento o la nueva vida en Cristo: «porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva» (Romanos 6:4). Nosotros no podríamos morir con Cristo si él no lo hubiera hecho primero. Morimos con Cristo y en Cristo. Vivimos con Cristo y en Cristo. Él es la llave que nos permite morir a la antigua vida y nacer de nuevo a una vida que solo le da gloria a él.
Pablo no podía escapar de esta realidad. Se sentía siempre impulsado por el amor del Señor. Nadie más operó en su vida un cambio tan radical. Jesús no venció a la muerte para que nosotros creciéramos como hijos consentidos, criados de manera caprichosa: «con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2:20). Él no se entregó por completo para que vivamos la vida según nos parezca. Cristo derramó su sangre para que vivamos su vida en nosotros a través de él, por él, para él y con él. Juan coincide con Pablo: «En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él». (1a Juan 4:9). El cristiano verdadero no puede concebir su vida sin el amor de Cristo gobernándola. Cuando él nos impulsa podemos decir que no vivimos nuestra vida sino la suya, no operamos según nuestros deseos sino los suyos. Todo gira alrededor de él. Todo es impulsado por su amor: lo que vemos, oímos, hablamos y hacemos sigue las huellas de su amor, le refleja: “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2a Corintios 5:15).
Estimado hermano, żeres consciente de su amor? żSientes su impulso? żPuedes decir, como Pablo, «el amor de Cristo me constriñe»,... «ya no vivo yo sino vive Cristo en mi»,... «vele o duerma vivo con Cristo»?
«żQuién nos separará del amor de Cristo? żTribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:35-39).


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Culto de celebración

Todos los domingos, en la calle Cidro, 8 (Madrid), a las 11:30.

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