Ayuno y Oración

Nos volvemos a ver el sábado 6 de abril.. A las 10 de la mañana en la sala Madrid.
Estáis todos invitados.

Discipulado

Domingo 3 de Marzo: Colosenses.
Domingo 10 de marzo: 1ª y 2ª de Tesalonicenses.
Domingo 17 de Marzo: 1ª y 2ª de Timoteo.
Domingo 31 de Marzo: Tito y Filemón.

Sala Madrid, 10 de la mañana.
Estáis todos invitados.

Membresía

Comenzaremos un nuevo ciclo de enseñanzas el domingo 24 de marzo a las 10 de la mañana en la sala Córdoba.

Boletín Salem

Un sacrificio sin defecto (2)
«¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?». Miqueas 6:6
Estimado amigo, Abel no podía pasar un día sin acordarse del favor de Dios sobre su vida. Él es descrito como justo no porque no hubiera pecado sino porque su corazón estaba rendido al Creador. Él sabía cómo adorar a Dios porque se relacionaba con Dios mismo, ¿quién mejor que el Señor nos puede dar las claves de la verdadera adoración? Él es quien la recibe, por lo tanto él es quien determina cómo debemos adorarle. Muchos piensan que Caín fue rechazado por causa de su ofrenda, pero no es así. Recuerda que lo material nunca se antepondrá a lo espiritual. Fue más bien al revés, la ofrenda fue rechazada por causa de Caín. Él no tenía un corazón rendido a Dios. Él cumplía con las obligaciones religiosas pero no sentía el pálpito del corazón del Creador. ¿Acaso no puede pasarnos esto a nosotros? ¿Es que no podemos asistir a reuniones y actividades de la iglesia y, sin embargo, estar centrados en los dones y en las bendiciones pero no el Dador de los mismos? Ni siquiera aunque Caín hubiera presentado un cordero, Dios se habría alegrado. La Biblia enfatiza claramente qué es lo que espera Dios de nosotros, observa los siguientes pasajes: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?

Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”. (1ª Samuel 15:22). El profeta Oseas exhorta en nombre de Dios: «Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos» (Oseas 6:6). Continúa leyendo dos pasajes más:

«¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda» (Isaías 1:11-13, 16-17).

«¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios». (Miqueas 6:6-8) Toda la Palabra desde Génesis a Apocalipsis nos presenta a un Dios que dice “no te olvides de mi” y “quiero tener comunión contigo”. Lo importante es él, no nosotros. Lo importante es él, no nuestras obras, dones u ofrendas. ¿Está él presente en la alabanza? ¿Está él presente en la adoración? ¿Está él presente en la predicación? ¿Está él presente en cada servicio, cada ministerio, cada acto, encuentro o reunión? Pablo exhorta a Timoteo diciéndole «evita a los que tienen apariencia de piedad pero niegan la eficacia de ella» (2ªTimoteo 3:5). No se trata de teoría. El mismo Jesús tuvo unas duras palabras para los religiosos: «Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí» (Mateo 15:7-8) David tenía un corazón conforme al de Dios. Él sabía muy bien de qué estamos hablando: «porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmos 51:16-17). ¿Acaso no tenía Abel un espíritu quebrantado, un corazón contrito y humillado? Caín tenía apariencia de piedad, pero no era piadoso. Dios está más interesado en tu corazón que en tu don. Jesús nunca antepuso lo material a lo espiritual: «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos» (Marcos 12:30-31).


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Todos los domingos, en la calle Cidro, 8 (Madrid), a las 11:30.

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