Ayuno y Oración

Nos volvemos a ver el 6 de octubre.
A las 10 de la mañana, sala MADRID. Estáis todos invitados.

Boletín Salem

No endurezcas tu corazón
"Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones". Hebreos 4:7
Querido hermano, Dios nos ha dado la Biblia, su Palabra, para que no padezcamos raquitismo espiritual. A menudo me encuentro envuelto en conversaciones y circunstancias que endurecen mi corazón. Son conversaciones triviales, vanas y sin sustancia espiritual. Son diálogos cargados de palabras que no alimentan el espíritu, vacíos del poder del Espíritu Santo. żCuándo fue que la última vez que alguien te exhortó movido por el amor del Señor? żCuándo fue la última vez que tu espíritu se compungió sin poder exclamar nada más que “perdóname, Señor”? żCuándo fue la última ocasión en que devoraste la Palabra de Dios porque estabas hambriento de su presencia? żCuándo rogaste por última vez como el salmista «mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; żcuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?» (Salmo 42:2).
Un corazón endurecido jamás agradará al Señor, es un corazón desagradecido e incrédulo que duda del poder de Dios. En definitiva, es un corazón carnal, tan obsesionado por sus propios deseos egoístas que le resulta imposible obedecer al Creador. żDiremos acaso como Faraón: «żQuién es Jehová, para que yo oiga su voz?» (Éxodo 5:2)? Faraón despreció la Palabra de Dios cuando deses- timó a Moisés. De igual manera, hay hijos que menosprecian el consejo de sus padres, hermanos que desestiman la advertencia del pastor, y matrimonios que anteponen sus propios deseos a los principios de la santa Palabra. El resultado siempre es el mismo: un corazón endurecido que pro- duce raquitismo espiritual.
Querido hermano, “cambia de rollo”, como lo hizo el profeta Ezequiel: «( Jehová) me dijo: hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel». (Ezequiel 3:1-2). Aliméntate con la dulce Palabra de Dios porque «la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. De- seables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón». (Salmo 19:7-11)
żQué ocurre cuando nos alimentamos con la Palabra de Dios? Dice el profeta Ezequiel: «me le- vantó el Espíritu», «entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies y me habló» (Ezequiel 3:12, 24). Este siervo se convirtió en el megáfono de una maravillosa promesa de Dios para su pueblo: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios. Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre. Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones» (Ezequiel 36:26-30).
ĄOh, si dijéramos como los discípulos de Emaús!: «żNo ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?» (Lucas 24:32).


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Todos los domingos, en la calle Cidro, 8 (Madrid), a las 11:30.

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