Membresía

Comenzaremos un nuevo ciclo de enseñanzas el domingo 24 de marzo a las 10 de la mañana en la sala Córdoba.

Ayuno y Oración

Nos volvemos a ver el sábado 2 de marzo. A las 10 de la mañana en la sala Madrid.
Estáis todos invitados.

Boletín Salem

Adán y Cristo
«Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados». 1ª Corintios 15:22
Cada vez es más frecuente, aún entre cristianos, afirmar que el relato de la Creación del mundo es un mito. Estas personas argumentan que Moisés intentó explicar el origen de la humanidad a través de una historia que fuera fácil de entender. De esta manera niegan el origen del ser humano tal como lo narra Génesis. El problema es que la Biblia no deja ver en ninguna parte que el relato de la Creación fuera un cuento inventado, una alegoría o una parábola como la que pudo usar, por ejemplo, el profeta Natán cuando confrontó a David por el pecado con Betsabé. El apóstol Pablo explica en Romanos 5:12-21 el contraste entre Adán y Cristo. Si Adán hubiera sido un mito, no habría sido necesario un plan de salvación para la humanidad. Otra verdad que cuesta asimilar a muchos es que toda la raza humana haya sido condenada en Adán. Pablo lo explica muy bien en este pasaje afirmando que el pecado entró en el mundo a través de un hombre, Adán; a partir de entonces llegó la muerte. El estado del ser humano cambió, paso de ser una criatura sin límite de días a experimentar cómo el deterioro constante y diario de cada célula de su cuerpo desemboca en una muerte física. Los hijos de Adán heredaron este segundo estado sin tener opciones de revertir lo que su padre había provocado. En consecuencia, no solo murieron sino que también en vida sufrieron el dolor y la esclavitud que produce el pecado. De esta manera, no ha habido hombre, excepto el postrer Adán, Cristo, el Hijo de Dios, que haya podido frenar la consecuencia del pecado, la muerte. Así como todos en Adán somos condenados, todos los que aceptamos a Jesucristo somos salvos. Una vez más, la gracia de Dios se manifiesta en esto, en que no somos juzgados individualmente sino a través de Cristo, pues ¿qué hombre habría podido hacer lo que Jesús hizo? Ninguno. Por Adán entró la muerte, pero por Cristo la vida. Por la desobediencia de Adán he heredado una muerte eterna, pero por Cristo quedo libre de esa cadena perpetua: «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1ª Corintios 15:22).

Los ángeles, sin embargo, serán juzgados individualmente. Ellos no tienen un representante a partir del cual hayan heredado una naturaleza corruptible. Cada uno, de manera individual decidió rebelarse o no contra el Creador. A ellos no se les ordenó gobernar la tierra y sojuzgarla, ni crecer ni multiplicarse. En consecuencia, tampoco disponen de un “ángel salvador” que pueda redimirles de su caída. Serán juzgados cada uno por la elección que tomaron. Pero nosotros, los seres humanos, a pesar de nuestra naturaleza caída, podemos aferrarnos a Cristo pues, él siendo Dios se hizo hombre, semejante a nosotros para saldar completamente la condena que heredamos de Adán: «Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos».

¿No es maravilloso? En Adán somos condenados, pero en Cristo somos declarados inocentes. Por Adán experimentamos la muerte física, pero por Cristo tenemos acceso a la vida eterna. En Adán somos esclavos del pecado, pero en Cristo tenemos una nueva vida en la que el mal no puede operar. En Adán descubrimos que no podemos cumplir la ley de Dios, pero en Cristo experimentamos la misericordia y la gracia constantemente. En Adán formamos parte de la vieja creación, pero en Cristo todas las cosas son hechas nuevas. ¡Aleluya!


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