Cena de Nochevieja

Este año celebraremos juntos y en oración la llegada del nuevo año. Constará de 3 etapas:

Etapa 1: hora aproximada de inicio: 20 h, para los que quieran cenar juntos en la iglesia, será una cena fraternal donde cada familia traerá alguna comida para compartir entre todos (puede ser típica de su país o una especialidad propia). Para ello, debéis inscribiros en Secretaría antes del 22 de diciembre y pagar 3€ por persona para gastos de bebidas y organización.

Etapa 2: 23,30 h, Culto de adoración y agradecimiento a Dios, con tiempo de alabanza.

Etapa 3: sobre la una de la madrugada. Tiempo de diversión y entretenimiento con café y tartas. ¡¡¡Os esperamos!!! Más en el punto de información.

Boletín Salem

Cuento contigo (2)
Abraham rondaba los 75 años cuando Dios lo llamó y es que, cuando Él llama, la edad nunca es un impedimento. No importa si uno es niño, como Samuel en el templo; jovencito, como el rey David; o muy mayor, como Sara y Abraham, o Moisés, entre otros. El llamado no depende de la edad, sino de la gracia de Dios. La pregunta es ¿cómo podemos responder a un llamado que es por pura gracia? ¿Si no depende de nuestros dones ni talentos, ni tampoco de nuestra experiencia, cómo podemos responder a Dios? La respuesta está en una palabra monosílaba que consta de tan solo dos letras: fe. Abraham respondió en fe al llamado de Dios:

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8)

La clave no estaba en lo buen estratega que era Abraham, ni en su conocimiento. Él era un hombre de negocios, pero ese no fue el motivo por el que Dios le escogió. Desde el principio hasta el final, la Biblia presenta el plan de salvación desde la gracia divina: «porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). Si Abraham miraba a su pasado lo único que veía era idolatría; si miraba a su presente, observaba a un hombre muy mayor y a una mujer estéril. Si imaginaba su propio futuro veía una muerte cercana, sin descendencia, y a su mayordomo Eliezer como heredero de todo lo que poseía (Gn. 15:2-3). Podríamos decir que a este matrimonio se le habían escapado los mejores años de su vida y aún no habían conseguido satisfacer el deseo profundo de su corazón; hasta que un día, Dios llamó a Abraham y le dijo: “cuento contigo”.

Tarde o temprano oiremos la llamada de Dios. La pregunta no es cuándo, ni cómo ni por qué nos llamará sino qué le responderemos. Al igual que para Abraham, hoy puede ser el día de salvación para un niño, un joven, una persona madura o alguien de avanzada edad. Dios sigue llamando a cada ser humano de manera personal a través de Jesús. Él hizo todo lo necesario para que cada uno pueda responder “sí” en fe al plan de salvación, aunque como Abraham, no tenga aún todas las respuestas.

El apóstol Pablo describe muy bien a los Tesalonicenses cuáles son los cambios que se producen en las personas que responden en fe con un “sí, quiero” a Dios: «porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1ª Tesalonicenses 1:8-10).

Las personas que responden al llamado de Dios, creen en su palabra y, en consecuencia, la divulgan allí por donde van; además crecen espiritualmente por lo que su fe se extiende; son personas que ya no viven como lo hacían cuando no conocían a Dios, han cambiado muchos hábitos y ahora dedican su tiempo a servir al Dios vivo y verdadero mientras esperan el regreso de Jesús.

El llamado de Dios siempre nos desafía. Abraham escuchó atentamente lo que Dios le pedía y actuó en obediencia: «y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron» (Génesis 12:4-5).

Dios habló y Abraham creyó. La palabra de Dios sigue hablándonos hoy, ¿la creemos? Solo podemos responder ante la misma en fe, lo cual nos lleva a la obediencia. Si decimos que aceptamos en fe la palabra de Dios pero no la obedecemos nos engañamos a nosotros mismos. Abraham tuvo que dejar el lugar al que pertenecía para iniciar por fe un nuevo camino. Seguramente, él tenía muchas preguntas, pero la clave no estaba en las mismas sino en su respuesta de fe, obedeciendo lo que Dios había ordenado.

fransanchezg.wordpress.com

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Culto de celebración

Todos los domingos, en la calle Cidro, 8 (Madrid), a las 11:30.

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