Ayuno y Oración

Sábado 7 de julio a las 10 h en la sala Len.

Discipulado

Domingo 1 de julio: Proverbios, Eclesiastés, Cantares.

Sala Madrid 10 de la mañana. Estáis todos invitados.

Boletn Salem

Sólo tienes una bendición?
Y Esaú respondió: bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: no has guardado bendición para mí?. Génesis 27:1-10, 30-36

Durante mucho tiempo me he preguntado cómo Isaac cayó en el engaño de Jacob. Es posible que no reconozcamos a un hijo cuando seamos ancianos? Isaac poseía una mezcla extraña de facultades. Por una parte, estaba lo suficientemente cuerdo como para dar su última bendición. Por otra, era ya muy anciano, sus sentidos se habían deteriorado al extremo. No veía, el olfato tampoco le funcionaba, apenas podía moverse. Qué decir del oído? No distinguía la voz de Jacob de la de Esaú. Sabemos que algo de apetito tenía. Aún mostraba fuerzas para pedir un último deseo a su primogénito: caza para mi, quiero bendecirte!. Es una escena muy emotiva, pero también profunda.
Has convivido con una persona muy anciana? Apenas se mueve. Intentas ayudarla en todo aquello que necesita porque ella, por sí sola, no puede. Tan solo habla y dice, necesito esto o aquello, me ayudas? Isaac se encontraba en un punto en el que lo único que hacía era hablar. Él lo sabía, por eso decidió dar la bendición final a sus hijos.
Decía que este pasaje es profundo, entre otros motivos, por la importancia que se le da al uso de las palabras, es decir, el poder de la bendición o de la maldición. Son poderosas las palabras que hablamos? Mira lo que dice este proverbio: Lo que uno habla determina la vida y la muerte; que se atengan a las consecuencias los que no miden sus palabras (Proverbios 18:21 PDT). Nuestra cultura no se caracteriza por medir las palabras. Vivimos en la era de la comunicación; pero la cultura y la mentalidad oriental de este pasaje es muy distinta. Es una cultura en la que la palabra tiene mucho peso: lo que se dice, es. El sí es sí, el no es no. La bendición que te doy, no te la puedo quitar. No puedo editarla como lo haría con un comentario de Facebook. Las personas no firmaban contratos escritos llenos de cláusulas diminutas. Lo que una persona era y pensaba lo transmitía a través de lo que decía, no de lo que escribía. Consciente de esto, el alma de Esaú se desgarró al darse cuenta de que su hermano había suplantado su identidad. Tampoco es para tanto, podríamos pensar. En serio? Imagina que debes presentarte en un lugar para cobrar una importante cantidad de dinero por un trabajo que has hecho. Pero cuando llegas, la recepcionista te dice: lo siento, pero usted ya cobrado ese cheque, aquí tengo su firma. La miras y compruebas que efectivamente esa es tu firma. La vuelves a mirar y piensas, no puede ser, cómo está ahí mi firma? Yo no lo he firmado. Alguien ha suplantado mi identidad. Isaac y Esaú se dieron cuenta de que habían sido engañados. No había marcha atrás, las palabras de bendición que Isaac tenía para Esaú fueron pronunciadas y dirigidas hacia Jacob. El texto dice: Esaú se echó a llorar, y lanzando fuertes gritos insistió: Padre mío, bendíceme también a mí! Acaso tienes una sola bendición? (Génesis 27:38 TLA).
Te has sentido alguna vez así? No quiero entrar ahora en si Esaú se lo merecía o no. Tan solo quiero quedarme en el lamento de Esaú. Qué actitud tan distinta la que mostraba aquí el mayor en comparación con el episodio en que vendió su primogenitura! Aquí vemos a Esaú encolerizado, sin poder creer lo que le está pasando y, al mismo tiempo, muy triste porque es consciente de la gran bendición que ha perdido.
En nuestros días, las palabras han pasado a un segundo plano. Estamos hartos de ver cómo muchos políticos dicen una cosa y después hacen otra. Ninguno estamos exentos de cometer el mismo error. Por eso, nuestra esperanza no puede estar en nosotros mismos ni en nuestras palabras, tan cambiantes como nuestro estado de ánimo y edad. Más bien, tenemos esperanza cuando construimos nuestro pensamiento desde la Palabra inmutable de Dios. Personalmente, creo en un Dios que no se deteriora como Isaac. No pierde los sentidos. Creo también en un Dios al que no le podemos engañar. Creo en un Dios que mide cada una de sus palabras y no habla por hablar. Su sí, siempre es sí. Su Palabra es eterna. Creo en un Dios justo, que quiere bendecirnos no solo de manera temporal sino por toda la eternidad. Creo en un Dios que sabe qué es lo mejor para cada uno de sus hijos. Creo en un Dios que me bendice más allá de lo que puedo alcanzar a entender. Creo en un Dios que siempre atiende a sus hijos y no desprecia al corazón contrito y humillado. Creo en un Dios que da una y otra vez una segunda oportunidad. Creo en un Dios que no tiene solo una bendición para cada uno de sus hijos. Creo en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Un Dios que cumple sus promesas a pesar de mi debilidad humana. Y, tú, sigues pensando que tienes solo una bendición?


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