Boletín Salem

UN CRISTIANO SIN APELLIDOS
Nos gusta poner etiquetas para definir a la gente: fulanito es “cristiano protestante evangélico pentecostal”. A lo que respondo: muy bien, te has enterado tú y todos los que son y piensan como tú, pero para tu vecino del quinto y para la gran mayoría de millones de personas en el planeta esas palabras no significan mucho. No distinguen las cientos de subdivisiones que existen entre cristianos católicos apostólicos romanos, cristianos protestantes, ni cristianos ortodoxos.
Hay una iglesia que no necesita etiquetas, sus miembros siguen a Jesús hasta la muerte. Cada seis minutos matan a una persona que está posicionada en Cristo como su único salvador. 90.000 cristianos mueren al año a causa de la persecución. Hay una iglesia que sabe muy bien que es la novia de Cristo, y le espera con deseo, su corazón no juzga, no se deja llevar por la murmuración, simplemente ama como Jesús ama, abrazando al pobre, al huérfano, a la viuda y al extranjero. Esta iglesia no tiene grandes programas porque no tienen un lugar fijo de culto. Hoy puede reunirse en una casa, mañana en un descampado, y otro, quizá, en la cárcel. Es una iglesia a la que no hay que animar a leer la Palabra porque saben que no solo de pan vive el hombre. Esta iglesia no necesita retiros porque no es del mundo, aunque está en el mundo. Es una iglesia que no vive para ella misma sino para dar a conocer las buenas nuevas de salvación. No tiene doctores o maestros reconocidos, pero obedece el mandato de enseñar todo lo que el Maestro les transmite mientras salen y hacen discípulos. Es una iglesia viva y eficaz, como la Palabra. Esta iglesia es el cuerpo de Cristo, y no está decapitada como a algunos les parece. Él está al control, Él la dirige diciéndole cómo ha de obrar.
“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”. Apocalipsis 14:6-13 RVR1960

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